Desde la redacción
En política, los rumores nunca son inocentes. Cuando una versión comienza a circular con insistencia como la posibilidad de que en 2026 haya un relevo en la presidencia municipal de Nezahualcóyotl y que la síndica Karen Guerrero asuma el cargo, no se trata solo de chismes de pasillo al interior del Palacio Municipal, sino de síntomas de un reacomodo de poder que ya está en marcha.
El escenario se vuelve más revelador cuando se
añade la eventual salida del actual presidente municipal hacia el gobierno
federal, en el marco del llamado Plan Oriente. Este movimiento encaja
con una práctica cada vez más común: trasladar
liderazgos locales a proyectos federales para mantener cohesión política
y evitar que los conflictos locales escalen. No es necesariamente un
premio ni un castigo; es, sobre todo, una jugada estratégica.
Sin embargo, el argumento de que esta transición
serviría para “limpiar” la administración municipal resulta particularmente
delicado. Si se habla de limpieza, es porque se reconoce, aunque sea de manera
implícita, que algo no está funcionando
como se prometió. Y aquí emerge una de las contradicciones más visibles
de los gobiernos identificados con la Cuarta Transformación a nivel local: el
discurso del cambio profundo frente a la persistencia de prácticas políticas
corruptas.
Nezahualcóyotl no es ajeno a esta tensión.
Funcionarios municipales, especialmente en áreas sensibles como Medio Ambiente,
Cultura y Protección Civil, han sido señalados por mantener actitudes autoritarias, impositivas y
distantes de la ciudadanía. Estas prácticas son más cercanas al viejo
estilo de gobiernos pasados como el PRI o el PRD que a un proyecto que
se dice popular y transformador. El problema no es solo administrativo; es
político y simbólico. Cuando el ciudadano percibe abuso, indiferencia o
soberbia, la narrativa de la transformación pierde fuerza.
La Cuarta Transformación ha insistido en que el
poder debe ejercerse con humildad y cercanía. No obstante, la realidad
municipal demuestra que cambiar el
discurso es más fácil que transformar la cultura del poder. Las
inercias burocráticas, los intereses internos y la falta de mecanismos
efectivos de rendición de cuentas terminan por secuestrar el espíritu del
proyecto.
Si el relevo en la presidencia municipal se
concreta, no bastará con cambiar nombres o cargos, como es la costumbre. La verdadera pregunta es si se aprovechará la coyuntura para corregir prácticas, depurar
responsabilidades y reconstruir la relación con la ciudadanía, o si solo
será un ajuste para garantizar continuidad política sin asumir autocrítica.
Nezahualcóyotl se encuentra ante una disyuntiva
clara: profundizar una transformación real o confirmar que, una vez más, el
cambio se quedó en el discurso. El 2026 aún parece lejano, pero políticamente
ya comenzó.
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