miércoles, 30 de julio de 2025

CORRUPCIÓN INSTITUCIONAL EN NEZAHUALCÓYOTL: UN OBSTÁCULO POLÍTICO Y SOCIAL DE LARGO ALCANCE

Por: Antonio Martínez Cantellano

La corrupción en el ámbito municipal representa una de las principales amenazas para la legitimidad del Estado en México. El caso reciente en Nezahualcóyotl —donde un servidor público de Protección Civil fue sorprendido contando 28 mil pesos producto de un soborno dentro de su oficina— revela con crudeza una práctica sistemática que socava la confianza ciudadana, profundiza la desigualdad y debilita las estructuras democráticas a nivel local.

Este hecho también pone en entredicho la coherencia del partido en el poder, MORENA, cuya bandera principal ha sido: “no robar, no mentir y no traicionar”. Sin embargo, la realidad parece desmentir ese discurso. Aunque muchos de estos funcionarios municipales no militen formalmente en MORENA, forman parte de un aparato gubernamental que ha reproducido los mismos vicios de administraciones anteriores, como las del PRI y el PRD. En Nezahualcóyotl, la corrupción no distingue colores partidistas: ha sido una constante, más allá de quién gobierne.

El anuncio del alcalde Adolfo Cerqueda Rebollo sobre la apertura de 13 investigaciones por delitos como cohecho, abuso de autoridad y extorsión sugiere, por un lado, un intento por enfrentar este problema; pero también confirma la existencia de una burocracia profundamente corrompida, donde el cargo público sigue siendo utilizado como una vía para el beneficio personal.

Desde una perspectiva política, esta situación revela una profunda contradicción: mientras el gobierno municipal se esfuerza por proyectar una imagen de cambio y honestidad —incluso mediante campañas contra la corrupción dirigidas a sus propios empleados—, los hechos evidencian una cultura institucional donde las prácticas corruptas están normalizadas.

Las consecuencias de esta corrupción son especialmente graves en una comunidad como Nezahualcóyotl, caracterizada por una intensa actividad comercial y por altos niveles de vulnerabilidad económica. Entre los efectos más visibles se encuentran:

Desigualdad en el acceso a servicios públicos: El cobro de sobornos para permitir la operación de negocios o evitar clausuras arbitrarias crea un sistema paralelo donde solo quienes pueden pagar acceden a derechos básicos.

Desconfianza institucional: La exposición continua a prácticas corruptas genera desapego, cinismo y la percepción de impunidad, incluso cuando las autoridades aparentan actuar. Muchas veces, los funcionarios corruptos solo son reubicados en otros cargos sin recibir sanción alguna.

Normalización del abuso y silencio ciudadano: El temor a represalias y la convicción de que “no pasará nada” desincentivan la denuncia, debilitando la participación ciudadana como herramienta de control democrático.

En términos políticos, cada escándalo de corrupción erosiona la credibilidad del gobierno y limita su capacidad de implementar políticas públicas efectivas. Para la administración municipal de MORENA, el desafío es complejo: no basta con sancionar casos individuales o reaccionar ante la presión pública. Se requiere una reforma institucional profunda que incluya el fortalecimiento de los mecanismos de control interno, la profesionalización del servicio público, la apertura a la vigilancia ciudadana y, sobre todo, la aplicación de sanciones ejemplares.

Existe además un riesgo político evidente: si la ciudadanía no percibe un cambio real, el desencanto puede traducirse en abstencionismo o en un voto de castigo que reconfigure el mapa político local en futuras elecciones.

La corrupción en Nezahualcóyotl no es solo un problema ético o legal, sino un fenómeno estructural con implicaciones profundas para la gobernabilidad democrática. En el caso de Protección Civil, la pregunta es inevitable: ¿a quién están protegiendo estos funcionarios? Claramente, no a la población, sino a sus propios intereses, mediante la extorsión y el abuso de poder.

Ante este panorama, la única salida viable es la construcción de una ciudadanía activa, el fortalecimiento de mecanismos eficaces de rendición de cuentas y una voluntad política real que no se limite a sancionar casos aislados, sino que transforme de raíz las condiciones que permiten que la corrupción siga reproduciéndose día tras día.

En este contexto, merece reconocimiento el valor de quienes se atrevieron a denunciar un intento de extorsión dentro de las propias instalaciones de Protección Civil. Este tipo de acciones ciudadanas son fundamentales y deben convertirse en ejemplo para que más personas se animen a alzar la voz. La corrupción no debe seguir siendo la regla: debemos trabajar para que, por fin, empiece a ser la excepción.

 

 

 

 

 

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