Por: Antonio Martínez Cantellano
Las
lluvias atípicas que han azotado recientemente al municipio de Nezahualcóyotl,
en el Estado de México, han dejado a su paso calles inundadas, casas anegadas y
una población desesperada. Esta situación, que se repite cada temporada, no es
simplemente resultado de fenómenos naturales, sino de una combinación peligrosa
entre la falta de acción institucional, políticas públicas ineficaces y una
cultura ciudadana permisiva con prácticas irresponsables.
El problema no es solo la lluvia, es la omisión
En
Nezahualcóyotl, una de las principales causas de las inundaciones es la falta
de desazolve en el sistema de drenaje. Aunque cada año se sabe perfectamente
qué colonias son más vulnerables, el municipio parece actuar como si fuera una
sorpresa. ¿Dónde están los trabajos preventivos? ¿Por qué no se destinan
recursos y personal para limpiar los drenajes antes de que lleguen las lluvias?
Las
autoridades locales parecen actuar con una mezcla de burocratismo e indolencia.
Se toman decisiones tarde, los reportes vecinales se ignoran, y la respuesta
institucional solo llega cuando ya es demasiado tarde y el agua ha invadido los
hogares. Esta falta de previsión es, sin duda, una forma de negligencia que
merece ser denunciada.
La basura no se recoge, pero sí se acumula
Otro
factor clave en este problema es el manejo de residuos. Los tianguis, puestos
ambulantes de comida y hasta algunos restaurantes vierten desechos orgánicos e
inorgánicos directamente al drenaje. Esto, combinado con la recolección
irregular de basura en muchas colonias, provoca taponamientos graves en el
sistema de alcantarillado.
La
responsabilidad aquí es compartida: mientras el gobierno municipal no garantiza
un servicio eficiente de recolección de residuos ni sanciona a quienes
contaminan los drenajes, una parte de la ciudadanía también incurre en
prácticas irresponsables, como tirar basura en la calle o al drenaje, como si
nada.
No es un problema nuevo, pero sí cada vez más grave
Las
lluvias de este año han sido inusualmente intensas, sí, pero eso no justifica
la falta de preparación. Vivimos en un municipio que ya ha enfrentado esta
situación en años anteriores. Lo alarmante es que las soluciones no llegan o
son parciales y temporales. La infraestructura hidráulica es obsoleta, los
trabajos de mantenimiento son escasos y la coordinación entre niveles de
gobierno parece nula.
¿Qué se puede hacer?
Es
momento de dejar de normalizar el caos cada temporada de lluvias. Estas son
algunas acciones que pueden comenzar a cambiar el panorama:
- Campañas permanentes de
desazolve preventivo, enfocadas en las colonias con mayor riesgo de inundación.
- Sanciones efectivas para
quienes tiran basura o grasa al drenaje, desde puestos ambulantes hasta restaurantes.
- Educación y campañas
ciudadanas
sobre el manejo correcto de residuos, empezando desde las escuelas y
mercados.
- Fiscalización ciudadana: los vecinos deben
organizarse y exigir cuentas claras sobre el presupuesto destinado al
mantenimiento del drenaje.
- Modernización de la
infraestructura pluvial, con una visión a largo plazo, que contemple
el crecimiento poblacional y los cambios climáticos.
Conclusión
Las
lluvias no son las culpables. El verdadero problema es la falta de voluntad
política, la negligencia institucional y una cultura ciudadana permisiva.
Nezahualcóyotl no necesita más excusas, necesita acciones concretas y
responsables, tanto del gobierno como de sus habitantes. Las inundaciones no
son un castigo divino, son una consecuencia evitable si todos hacemos lo que
nos corresponde.
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