Por: Antonio Martínez Cantellano
Lo que debía ser una
jornada dedicada a la cultura, el pensamiento crítico y el encuentro con la
palabra escrita, se convirtió en una escena de pánico, miedo y desorganización.
El pasado sábado en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, una parte de la
estructura metálica que cubría los estantes y mesas de la Feria del Libro
colapsó tras una fuerte ráfaga de viento. El resultado: una mujer herida,
varias personas golpeadas que fueron atendidas por la cruz roja y decenas con
crisis nerviosas. ¿Qué falló? ¿Quién es responsable? ¿Hasta cuándo se
normalizará la negligencia en eventos públicos?
Los hechos ocurrieron
alrededor de las 15:35 horas, justo después de una charla encabezada por el
periodista Luis Hernández Navarro y el líder magisterial Felipe Rodríguez. El
viento entró repentinamente por la parte oriente de la explanada municipal,
levantando parte de la estructura metálica de aluminio. Lo que siguió fue una
estampida, gritos de terror y una estructura que literalmente volaba por el
aire al caer la estructura se hizo pedazos que salió volando, golpeando a
asistentes y generando una escena que jamás debió haber ocurrido.
La crítica aquí es
directa y necesaria. Protección Civil, cuya función esencial es prever este
tipo de incidentes y actuar con planes de contingencia adecuados, falló
rotundamente. Es inaceptable que en un evento masivo no se hayan tomado medidas
mínimas de seguridad ante condiciones climáticas cambiantes, como las rachas de
viento que ya habían sido anunciadas en distintos medios meteorológicos
Es importante recordar
que la responsabilidad de garantizar la seguridad estructural de cualquier
instalación temporal en eventos públicos recae, en primer término, en
Protección Civil. Su propia denominación lo establece: están obligados a
revisar, supervisar y aprobar toda estructura que se utilice en estos espacios,
incluyendo techumbres, carpas y escenarios.
En este caso, debió
verificarse que la techumbre metálica cumpliera con todos los requisitos
técnicos y normativos: desde el tipo de materiales estructurales, calibres,
grosores, alturas y distancias entre postes o largueros, hasta elementos
cruciales como el anclaje al suelo, el atirantado y los contraventeos que
aseguran la estabilidad frente a factores climáticos como ráfagas de viento.
Estas estructuras no
son meras coberturas improvisadas; son construcciones que requieren evaluación
y autorización previa por peritos en construcción, personas capacitadas para
emitir un dictamen técnico sobre su seguridad y funcionalidad. En otras
palabras, si se aprueba una estructura es porque debe garantizar la integridad
física de quienes estarán debajo de ella: asistentes, expositores, trabajadores
y artistas.
Lo ocurrido demuestra
una omisión grave en esta cadena de supervisión. La estructura no cumplió con
su función básica: proteger. Y eso nos lleva, de nuevo, a la pregunta clave:
¿quién permitió que se levantara y operara sin las garantías mínimas de
seguridad?
Tampoco podemos dejar
fuera de esta crítica al gobierno de MORENA, que contrató a la empresa responsable
de montar la estructura. ¿Se verificó si contaban con los permisos,
certificaciones y seguros necesarios? ¿Se realizaron inspecciones antes de
abrir al público? ¿Por qué no había anclajes adecuados o personal preparado
para una evacuación rápida y ordenada? Las preguntas son muchas y, hasta ahora,
las respuestas oficiales brillan por su ausencia.
La feria, además de
dejar libros destrozados y pérdidas materiales a los expositores, deja una
marca de desconfianza ciudadana. ¿Qué garantías tienen los asistentes de
futuros eventos similares? ¿Quién indemnizará a la mujer lesionada y a las
personas afectadas? La empresa debe responder económicamente, sí, pero también
debe haber consecuencias legales. Y el gobierno debe asumir su parte de
responsabilidad. Callar, minimizar o encubrir lo ocurrido sería, además de
inmoral, un acto criminal.
No se trata solo de
señalar con el dedo, sino de exigir una rendición de cuentas. La cultura merece
espacios seguros, y los ciudadanos merecen respeto a su integridad. Hoy fue una
feria del libro; mañana podría ser un concierto, un mitin o una jornada comunitaria.
La prevención no es un lujo, es una obligación.
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