domingo, 18 de mayo de 2025

UNA FERIA DEL LIBRO QUE TERMINÓ EN TRAGEDIA: NEGLIGENCIA QUE NO SE PUEDE JUSTIFICAR

 Por: Antonio Martínez Cantellano

Lo que debía ser una jornada dedicada a la cultura, el pensamiento crítico y el encuentro con la palabra escrita, se convirtió en una escena de pánico, miedo y desorganización. El pasado sábado en Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, una parte de la estructura metálica que cubría los estantes y mesas de la Feria del Libro colapsó tras una fuerte ráfaga de viento. El resultado: una mujer herida, varias personas golpeadas que fueron atendidas por la cruz roja y decenas con crisis nerviosas. ¿Qué falló? ¿Quién es responsable? ¿Hasta cuándo se normalizará la negligencia en eventos públicos?

Los hechos ocurrieron alrededor de las 15:35 horas, justo después de una charla encabezada por el periodista Luis Hernández Navarro y el líder magisterial Felipe Rodríguez. El viento entró repentinamente por la parte oriente de la explanada municipal, levantando parte de la estructura metálica de aluminio. Lo que siguió fue una estampida, gritos de terror y una estructura que literalmente volaba por el aire al caer la estructura se hizo pedazos que salió volando, golpeando a asistentes y generando una escena que jamás debió haber ocurrido.

La crítica aquí es directa y necesaria. Protección Civil, cuya función esencial es prever este tipo de incidentes y actuar con planes de contingencia adecuados, falló rotundamente. Es inaceptable que en un evento masivo no se hayan tomado medidas mínimas de seguridad ante condiciones climáticas cambiantes, como las rachas de viento que ya habían sido anunciadas en distintos medios meteorológicos

Es importante recordar que la responsabilidad de garantizar la seguridad estructural de cualquier instalación temporal en eventos públicos recae, en primer término, en Protección Civil. Su propia denominación lo establece: están obligados a revisar, supervisar y aprobar toda estructura que se utilice en estos espacios, incluyendo techumbres, carpas y escenarios.

En este caso, debió verificarse que la techumbre metálica cumpliera con todos los requisitos técnicos y normativos: desde el tipo de materiales estructurales, calibres, grosores, alturas y distancias entre postes o largueros, hasta elementos cruciales como el anclaje al suelo, el atirantado y los contraventeos que aseguran la estabilidad frente a factores climáticos como ráfagas de viento.

Estas estructuras no son meras coberturas improvisadas; son construcciones que requieren evaluación y autorización previa por peritos en construcción, personas capacitadas para emitir un dictamen técnico sobre su seguridad y funcionalidad. En otras palabras, si se aprueba una estructura es porque debe garantizar la integridad física de quienes estarán debajo de ella: asistentes, expositores, trabajadores y artistas.

Lo ocurrido demuestra una omisión grave en esta cadena de supervisión. La estructura no cumplió con su función básica: proteger. Y eso nos lleva, de nuevo, a la pregunta clave: ¿quién permitió que se levantara y operara sin las garantías mínimas de seguridad?

Tampoco podemos dejar fuera de esta crítica al gobierno de MORENA, que contrató a la empresa responsable de montar la estructura. ¿Se verificó si contaban con los permisos, certificaciones y seguros necesarios? ¿Se realizaron inspecciones antes de abrir al público? ¿Por qué no había anclajes adecuados o personal preparado para una evacuación rápida y ordenada? Las preguntas son muchas y, hasta ahora, las respuestas oficiales brillan por su ausencia.

La feria, además de dejar libros destrozados y pérdidas materiales a los expositores, deja una marca de desconfianza ciudadana. ¿Qué garantías tienen los asistentes de futuros eventos similares? ¿Quién indemnizará a la mujer lesionada y a las personas afectadas? La empresa debe responder económicamente, sí, pero también debe haber consecuencias legales. Y el gobierno debe asumir su parte de responsabilidad. Callar, minimizar o encubrir lo ocurrido sería, además de inmoral, un acto criminal.

No se trata solo de señalar con el dedo, sino de exigir una rendición de cuentas. La cultura merece espacios seguros, y los ciudadanos merecen respeto a su integridad. Hoy fue una feria del libro; mañana podría ser un concierto, un mitin o una jornada comunitaria. La prevención no es un lujo, es una obligación.

 

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