En los últimos días, la denuncia de locatarios en mercados de Nezahualcóyotl sobre presuntas extorsiones atribuidas al Cártel Jalisco Nueva Generación ha vuelto a poner en evidencia una crisis que va más allá de la inseguridad: la profunda desorganización gubernamental frente a amenazas que afectan directamente a la ciudadanía.
Los
testimonios son alarmantes. Comerciantes que sostienen la economía local
aseguran vivir bajo amenazas constantes, incluso de muerte. Sin embargo, la
respuesta oficial parece minimizar la gravedad del asunto. Las autoridades
locales niegan la presencia del crimen organizado y atribuyen los hechos a
conflictos internos. Esta contradicción no solo genera incertidumbre, sino que
abre un espacio peligroso para la desconfianza social.
Cuando el
discurso institucional no coincide con la experiencia cotidiana de la
población, surge una pregunta incómoda: ¿es incapacidad del gobierno para
reconocer la realidad o existe una estrategia deliberada de control basada en
el miedo? No se trata de afirmar conspiraciones sin sustento, pero sí de
señalar que la falta de claridad, coordinación y acción efectiva termina
produciendo un efecto similar: una sociedad vulnerable, desinformada y
temerosa.
El miedo
es una herramienta poderosa. Puede paralizar, fragmentar y someter. En
contextos donde la violencia parece normalizarse y las autoridades se muestran
ausentes o contradictorias, el tejido social se debilita. Y cuando esto ocurre,
la gobernanza se convierte en una anomalía: un sistema que no protege, sino que
permite por acción u omisión la expansión de la inseguridad.
Ante este
panorama, la organización social se vuelve no solo necesaria, sino urgente. Los
ciudadanos, comerciantes y comunidades deben fortalecer redes de apoyo, exigir
transparencia y rendición de cuentas, y participar activamente en la vida
pública. La presión social informada puede convertirse en un contrapeso real
frente a la ineficiencia o negligencia institucional.
No es
momento de la indiferencia. Tampoco de la resignación. Es momento de
cuestionar, de exigir y de construir colectivamente alternativas que devuelvan
la seguridad y la dignidad a los espacios públicos. Porque cuando el miedo
gobierna, la democracia retrocede.
No hay comentarios:
Publicar un comentario